24 Feb 2008 11:26:05 | Mauricio Luque
En la larga tarea de educar a los hijos, uno de los problemas
que hay que resolver necesariamente es la relación entre los
hijos y el televisor. El panorama actual, nos presenta, en la
mayoría de los casos, a un niño que tiene acceso a varios
canales temáticos infantiles, consolas de videojuegos e Internet
y reparte su tiempo de ocio sedentario entre esas tres opciones.
De entrada, hay que tener claro que SIEMPRE va a ser mejor el
ocio activo, eso que nosotros siempre hicimos de niños, salir a
la calle a jugar con los amigos al fútbol a charlar sentados en
un tranco o a perseguir lagartijas por las tapias. La otra
alternativa, la del niño hipnotizado ante el tubo de rayos
catódicos, no tiene por qué ser mala, racionada en su justa
medida pero, por lo general, debido a la sobredosis, es mala.
Entonces ¿qué alternativas tiene los padres frente a la pantalla?
Si los padres sólo están pensando en su trabajo, en su ropa, en
sus próximas vacaciones y en nada más que no sea ellos mismos,
la solución más cómoda es dejar al niño plantado y que haga lo
que le venga en gana. Si los padres tiene algún interés en
participar en el crecimiento de sus hijos pueden intentar
algunas e estas ideas.
1º.- Siéntese un rato con su hijo, entérese de qué es lo que ve,
lo que le gusta, y haga un planning para limitar los ratos de
televisión a esos programas que pueden interesarle mucho. Con
esto evitará que la criatura se pase las horas muertas
disparando con el mando a distancia.
2º.- Mientras ve la televisión con su hijo, tome un lápiz y un
papel y anote lo que le parece absurdo. Por ejemplo, los
superhéroes siempre rescatan a la chica de las garras del
malvado pero jamás aplicarán sus superpoderes para convertir en
regadío un terreno en África que salvaría de la desnutrición a
miles de familias; otro ejemplo, en algunas escenas de dibujos
animados hechas en países orientales, no es extraño que durante
un par de segundos se vea una imagen estática que se mueve por
la pantalla para dar sensación de movimiento y ahorrarse unos
euros en dibujar escenas de movimiento real. Una vez tenga hecha
su lista de cosas absurdas conviértalas en píldoras que se
puedan soltar en una frase breve en tono irónico; por ejemplo
“Vaaayaaa... ¿y Batman no puede hacer nada para bajar el precio
de los pisos?” o también “¿Y no hay ningún Pokemon que ponga la
lavadora y después planche la ropa?”. Aunque la reacción de su
hijo sea, normalmente, responderle que no moleste, que Ud. no
entiende nada de esas cosas, esas píldoras irán calando poco a
poco y le harán ver que sólo está viendo programas de
entretenimiento, nada más, que hay cosas más importantes en la
vida que estar sentado frente al televisor. Es una tarea a largo
plazo.
3º.- Intente recordar algunas de las cosas que le hubiera
gustado hacer de niño y no pudo y ¡hágalas! Le aseguro que no
hay nada más divertido que aprovechar una caja de un televisor
para hacer un castillo que tiene que asaltar espada (de cartón)
en ristre. Ahora Ud. es mayor, puede usar tijeras y pegamento
sin que nadie le regañe; puede decidir cuándo una toalla está lo
suficientemente vieja para convertirla en un turbante; ahora
puede jugar al fútbol en el pasillo y darse cuenta de qué es lo
que se puede romper y retirarlo a tiempo. Ahora puede elegir una
sábana envejecida y cortar un vestido para unas muñecas ¡y
coserlo con aguja sin que nadie le esté supervisando y
regañando! Ahora puede jugar a sus anchas porque es quien manda
en la casa.
¿De verdad que no le apetece jugar con su hijo?
About Author :
Mauricio Luque dirige el grupo Lexur, cuya web dedicada a los
temas de familia y hogar es WebDeHogar.com